Los Paradigmas Evolutivos del Cáncer
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Los Paradigmas Evolutivos del Cáncer

By Jason Fung, M.D.

Autor: Jason Fung, MD, médico especialista (medicina interna y nefrología), autor superventas del New York Times, próximamente el libro The Cáncer Code (Harper Wave, versión del 10 de noviembre de 2020) que examina los nuevos desarrollos en la comprensión de los paradigmas del cáncer.

Traducido por Rosa Nuño Valdez.

El cáncer, la segunda causa principal de muerte en los Estados Unidos, es quizás el mayor misterio restante de la medicina. La investigación médica ha revelado las causas subyacentes de la mayoría de las enfermedades del mundo, desde microorganismos que causan infecciones hasta aterosclerosis que causa enfermedades cardíacas y derrame cerebral hasta enfermedades genéticas como la anemia de células falciformes y la fibrosis quística. Pero para una enfermedad tan común, simplemente no sabemos la respuesta a la pregunta más importante: ¿qué es el cáncer? ¿Por qué se desarrolla? Nuestro entendimiento ha experimentado muchos cambios radicales, el más reciente en la última década.

El médico griego antiguo Hipócrates, a menudo llamado el padre de la medicina moderna, nombró a nuestro enemigo eterno usando la palabra karkinos, que significa cangrejo. Esta descripción sorprendentemente astuta subraya la dificultad del tratamiento del cáncer, así como su propensión a escabullirse por el cuerpo o hacer metástasis. Los antiguos griegos creían que todas las enfermedades eran el resultado de un desequilibrio de los cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Las enfermedades inflamatorias fueron causadas por demasiada sangre. La ictericia fue causada por demasiada bilis amarilla y el cáncer fue causado por demasiada bilis negra. Los tratamientos tenían como objetivo eliminar el exceso de bilis negra, incluyendo: las sangrías, las purgas y los laxantes. Pero por más que lo intentaron, nadie pudo encontrar la bilis negra.

En la década de 1700, la teoría humoral dio paso a la teoría linfática, que atribuía al cáncer a una fermentación y degeneración del líquido linfático estancado. Esta teoría correctamente se centró en el hecho de que el cáncer se deriva originalmente de nuestros propios tejidos, que de alguna manera, se habían pervertido. A mediados de la década de 1800, el microscopio permitió otro gran avance en la comprensión del cáncer al concentrarse en las células que componen nuestro tejido, el cual se observó que crecían de una manera exuberante y sin control. Esto formó la base del primer paradigma moderno para entender el cáncer– como una enfermedad de crecimiento excesivo de células.

Un órgano adulto normal, como el pulmón, no sigue creciendo al pasar el tiempo hasta que alcanza el tamaño de una pequeña roca. Las células pulmonares tampoco se mueven y se dirigen al centro del cuerpo para charlar con el hígado. Sin embargo, en el cáncer del pulmón, un pequeño grupo de células rebeldes prolifera y no deja de crecer o moverse, hasta que mata a el cáncer o éste lo mata a usted.

 Este paradigma del cáncer como una enfermedad de crecimiento excesivo celular sugirió una solución lógica para esas células cancerosas. Matarlas. A partir de este paradigma, desarrollamos armas de destrucción celular masiva: cortar (cirugía), quemar (radiación) y envenenar (quimioterapia). Los médicos calibran y combinan estos métodos indiscriminados de matar células para matar a el cáncer un poco antes de matar a el paciente. Si tienen suerte. Este fue un avance impresionante en la terapia del cáncer y todavía constituye la base de muchos de los tratamientos actuales. Sin embargo, estas modalidades de este primer paradigma finalmente alcanzaron sus límites a mediados de la década de 1970 porque no respondían a la pregunta más profunda de por qué esas células cancerosas estaban creciendo excesivamente.

La transformación de células normales a cancerosas no es un proceso completamente aleatorio. Las cosas que aumentan el riesgo de cáncer se llaman carcinógenos. La primera sustancia identificada fue el hollín (que causa cáncer escrotal), pero desde entonces, el humo del tabaco, las radiaciones ionizantes, el asbesto y ciertos virus y bacterias se han identificado como carcinógenos. Encontrar el vínculo entre todos estos carcinógenos podría sugerir la solución a la causa del cáncer.

La revolución genética de finales del siglo XX proporcionó una respuesta que condujo a una nueva comprensión del cáncer. Los genes contienen las instrucciones necesarias para que las células crezcan o dejen de crecer y una mutación de esos genes podría hacer que las células crezcan excesivamente. Todos los carcinógenos causan daño genético y, si por casualidad, el daño es a un gen de crecimiento crítico podría provocar cáncer. Para la década de 1990, los primeros tratamientos nuevos dirigidos al subyacente defecto genético tuvieron éxito más allá de lo que nos podíamos imaginar. Parecía sencillo encontrar el defecto genético específico de cada tipo diferente de cáncer y desarrollar un fármaco o anticuerpo para corregirlo. Los esfuerzos de investigación multinacionales con presupuestos multimillonarios como el Proyecto Genoma Humano y el Atlas del Genoma del Cáncer buscaron diligentemente esas mutaciones genéticas. ¿Encontraron algunos? Se puede decir que sí. Para el 2018, se han identificado casi seis millones de mutaciones diferentes en varios tipos de cáncer.

La variación fue desconcertante. Algunos cánceres tenían cientos de mutaciones y otros no tenían ninguna. Diferentes pacientes con cánceres similares tenían mutaciones distintas. Inclusive dentro del mismo paciente, los cánceres extraídos de diferentes sitios tenían mutaciones distintas. Encontrar medicamentos para contrarrestar todas estas mutaciones era claramente imposible. A medida que la enormidad de la tarea se manifestaba, el progreso de la terapia del cáncer se ralentizó. El nuevo paradigma genético del cáncer comenzó con una gran promesa que en gran parte no se ha cumplido. Una vez más, esta hipótesis no respondió a la pregunta del por qué. Las mutaciones genéticas estaban haciendo que las células crecieran demasiado. Pero, ¿por qué mutaban estas células?

Recientemente, ha surgido un concepto nuevo y fascinante del cáncer. El cáncer se desarrolla a través de mutaciones genéticas, pero esas mutaciones no son aleatorias. Solo hay un poder en el universo biológico lo suficientemente fuerte como para coordinar los cientos de mutaciones genéticas en un comportamiento coherente que define el cáncer.

Evolución.

El cáncer es una enfermedad evolutiva. Pero el cáncer no evoluciona “hacia adelante” sino “hacia atrás”. Las células cancerosas son más primitivas que las células normales. Las células cancerosas son menos especializadas. Las células cancerosas son menos diferenciadas. De hecho, estos son los mismos términos que utilizan los patólogos para describir la aparición de células cancerosas. El término médico anaplasia, utilizado a menudo para describir las células cancerosas, se deriva de las raíces griegas ana “al revés” y “formación” plasis. El cáncer no es una mutación genética aleatoria, sino una reversión dirigida a un estado evolutivamente anterior. El comportamiento canceroso ya existe enterrado profundamente dentro de todas las células y el cáncer está siguiendo este camino guiado de regreso a sus orígenes evolutivos como organismos unicelulares. ¿Por qué?

Algunos investigadores plantean la hipótesis de que esta reversión celular es una respuesta de supervivencia frente al daño crónico. Las toxinas persistentes y subletales, como el humo del tabaco o la radiación ionizante, ejercen una presión de selección natural que favorece a la célula anterior más simple y resistente que contiene más rasgos de supervivencia, pero también manifiesta los rasgos que hacen que el cáncer sea único: su crecimiento excesivo, su propensión a moverse (hacer metástasis) y su inmortalidad.

Esto explica cómo la semilla del comportamiento canceroso existe en todas las células de los organismos multicelulares, desde humanos hasta perros, ratas y formas de vida simples como la hidra microscópica. Al perseguir el misterio de la génesis del cáncer más allá de los inicios de la humanidad y hasta el límite de la vida multicelular, este paradigma del cáncer como enfermedad evolutiva tiene muchas implicaciones profundas y responde a muchas de las paradojas del cáncer. ¿Cómo se puede desarrollar el cáncer a partir de cualquier célula del cuerpo? ¿Cómo puede afectar el cáncer a prácticamente todas las formas de vida multicelulares de la tierra? ¿Por qué el cáncer es tan común?

Pero incluso la semilla más resistente no puede florecer sin el suelo adecuado. En condiciones de excesiva nutrición y crecimiento (obesidad y diabetes tipo 2, por ejemplo) el cáncer es un pasajero entusiasta. Reformar nuestra visión del cáncer como una enfermedad evolutiva significa que podemos aplicar todo el campo de la biología evolutiva al “problema del cáncer” y comenzar a recuperar el control de los factores que afectan su crecimiento. La semilla del cáncer puede existir en todas nuestras células, pero eso no significa que tengamos una cita predeterminada con el Emperador de todas las Enfermedades. Tenemos el poder de cambiar el suelo en el que se planta esta semilla y, por tanto, nuestro destino oncológico. Leer más en mi libro, The Cancer Code.


Jason Fung, M.D.
By Jason Fung, M.D.

Jason Fung, M.D., is a Toronto-based nephrologist (kidney specialist) and a world leading expert in intermittent fasting and low-carb diets.

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